| Publicada: 27/12/2010 7:06:50 |
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Por:
Antonio Díaz |
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Pedro Luis Lazo |
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El multicampeón lanzó... flores |
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Magna despedida a lanzador latino más victorioso de la historia del béisbol. |
Pinar del Río (26 dic).- ESTA VEZ lanzó, como en sus 20 series nacionales, pero no pelotas para el home.
Flores salidas de sus manos, las mismas que implantaron récord de 257 victorias aquí y consiguieron otras 22 en torneos internacionales, eran atrapadas por sus seguidores, agolpados en el estadio Capitán San Luis, de esta urbe.
Pedro Luis Lazo Iglesias se despedía así en fría tarde dominical, que él mismo trocó en calurosa con su sola entrada a la instalación insigne del equipo de Pinar del Río, de los grandes animadores de las Series Nacionales.
El "Jíbaro", "Rascacielos" o Lazo, como le llaman, andaba escoltado por su esposa Ismary, sus hijas Lismary y Lorena y sus amigos Osmani Urrutia, multicampeón de bateo de la pelota cubana, y el líder de la selección vueltabajera hoy, el tercera base Donald Duarte.
Ataviado con un bello traje entró a la lomita de los martirios para salir con su legendaria chamarreta 99, acercada por un aficionado que no concibió que el cuatro veces olímpico no exhibiera las letras del Cuba por última vez para el mundo.
No portó entre sus dedos el tabaco símbolo de su tierra y que degusta a diario, pero recibió un pequeño humidor como presente, de los tantos de que hicieron gala excelsos del arte como el pintor Pedro Pablo Oliva.
A los flashazos de las cámaras fotográficas y las miradas atentas de más de 15 aficionados presentes acompañaron la música y el baile, con momento cumbre en la guajira dedicada especialmente, desde un pequeño caballo, por un infante que acercó la gloria del gigante a su origen en Río Feo.
Quien nunca fue comprado por cheque alguno, quien ha hecho de la modestia virtud, quien con coraje e inteligencia defendió y defiende su patria solo quiere trabajar con niños, a los cuales apadrina con celo en el hogar que reúne a aquellos sin amparo filial en la más occidental de las provincias cubanas.
Ejecutivos del Partido Comunista de Cuba, el gobierno, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, además de otras organizaciones y organismos se acercaron a darle el adiós al gigante de ébano, el de la estridente sonrisa, querido lo mismo en el santuario de la pelota en la isla, el Latinoamericano, que en el célebre Guillermón Moncada, de la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba.
Ello y más hizo espetar a un aficionado: «Se va un imprescindible de la pelota cubana», mientras a escasos pasos otro inmenso, también oriundo de allí, el "niño" Omar Linares, su compañero en el elenco pativerde y en selecciones Cuba, secaba los ojos para controlar la emoción en una despedida inolvidable.
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